Arribes Ocultos

Arribes Ocultos Foto Arte Deportivo
La comarca zamorana de Sayago acogió durante el último fin de semana del mes de mayo la prueba de Arribes Ocultos

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De lo que voy a escribir es algo que ha sido una conversación recurrente con varias personas y amigos durante el fin de semana de Arribes Ocultos en Fermoselle y alrededores. La comarca zamorana de Sayago acogió durante el último fin de semana del mes de mayo la prueba de Arribes Ocultos, una de las pocas que no ha sufrido el obligado parón al que la pandemia condenó a otras. La edición del 2020 se salvó por la campana el 8 de marzo, unos días antes del confinamiento.

Lo poco que se valora lo nuestro, lo que tenemos a la puerta de casa y lo pequeño que parece ante el ensalzamiento de lo más lejano y exótico.

Para los que no hayan oído hablar de la zona, los Arribes suponen la despedida del Duero de territorio español y su paso, encajonado, manso y tranquilo hacia Portugal, aunque lo cierto es que poco entienden sus aguas de fronteras y banderas. El Duero une dos países, nunca los ha separado

Ante la visión de semejante espectáculo de la naturaleza todos coincidimos en lo mismo: en lo poco que se valora lo nuestro, lo que tenemos a la puerta de casa y lo pequeño que parece ante el ensalzamiento de lo más lejano y exótico. Mientras el Duero se retuerce abriéndose camino entre el terreno granítico, a su paso crecen olivos y viñedos, apostados en bancales fruto de siglos y siglos de trabajo del hombre. Solamente en Fermoselle, pueblo epicentro de la jornada del domingo, salida y meta de las carreras de 10 y 24 kilómetros, llegaron a vivir 5.000 personas, hoy son pocos más de 1.000 los habitantes de este pueblo, con vestigios de sus antiguos pobladores que datan incluso de época prerromana. 

Poner en valor nuestra riqueza a través del patrimonio (cultural, artístico, natural y humano).

En el pequeño enclave rural de Pinilla de Fermoselle, se disputó la prueba cronometrada de 4,7 kilómetros durante la noche del sábado, a pesar del horario intempestivo y del jolgorio, de la música, de las luces y de los forasteros paseando por las calles (o quizá por todo esto) las gentes del pueblo, acostumbrados a la paz de sus campos, paseaban con el brillo en los ojos como orgullosos anfitriones, que nos son ajenas al paso de los años, entre los coloridos grupos de trail runners ansiosos de carreras y de experiencias al aire libre.

Siempre que merced a un evento como este conocemos o revisitamos tierras de la llamada España vacía, o más bien, vaciada, coincidimos en un mismo lugar común: la importancia que supone poner en valor nuestra riqueza a través del patrimonio (cultural, artístico, natural y humano). También me he dado cuenta que de tanto hablar de ello, algo se va consiguiendo y así lo certifican el cerca de millar de personas que de una forma u otra han participado en esta fiesta de Arribes Ocultos. ¡Que siga la fiesta!